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AARNE-THOMPSON (1966), Motif-index of folk-literature: a classification of narrative elements in folktales, ballads, myths, fables, mediaeval romances, exempla, fabliaux, jest-books and local legends, Bloomington, Indiana University Press. Lo que sentíamos era totalmente desmedido y lo único que podíamos hacer para procurarnos un futuro juntos era controlar aquello que convertía lo que sentíamos en una especie de mar embravecido que ahoga hasta al marino más experimentado.

Hugo puede decir misa, pero en aquel momento lo único que le apetecía era tirarse en el suelo hecho un ovillo y esperar que, mágicamente, todo cambiara para bien. Bueno sí, algo demostró en el mirado del Rockefeller Center, pero yo pensaba que había sido una salida de tiesto, algo así como enajenación mental transitoria.

Envidié durante mucho tiempo al nuevo ayudante de Hugo, un recién licenciado desgarbado y pelirrojo que lo miraba como si la mano de Dios bajara desde lo alto de los cielos para tocarle con su gracia divina. Delante de ellos se convertía en un gentleman de los que abren las puertas para que tú pases primero, que te llaman cariño” con mucho impregnando su voz. Como probar la cara menos convencional del amor, como enamorarme cual loca sin pensar en las consecuencias. Él dice que sucumbió para terminar viendo la vida bajo el mismo cristal que yo y de ahí a querer con locura, solo había un paso.

Un día eres un tipo despreocupado que vive la vida como se tercia y el día siguiente alguien se cruza contigo y todo cambia. Aquel día, cuando sonó el despertador, nada me dijo que fuera a ser diferente; nada apuntó que la vida iba a cambiarme por completo por el simple hecho de sentarme frente a ella. Ahora sonrío al pensar que quizá puedo no creer en el destino, pero hay cierta intencionalidad en las consecuencias de los actos que emprendemos. Yo sabía que Paola no me gustaba, pero aquella noche me dejé y ella me engatusó para pasar la noche en su casa. Me enamoré de ella en cada una de sus risas, en cada comentario ácido, en cada mala contestación.

Es posible que si no hubiera pasado la noche en brazos de alguien que no me gustaba de verdad, no hubiera caído en todo aquello que sí me gustaba, ya a primera vista, de aquella chica que se sentó frente a mí. Además… mi casa no estaba en aquella dirección. Me levanté de la cama como si las sábanas quemaran porque, si había algo peligroso en mi vida, era la amenaza de enamorarme de ella. Me enamoré de ella por su falta de celo, por lo poco que le gustaba hacer todo lo que yo imaginé que le gustaría.

Me enamoré de ella en cada uno de esos detalles que se escaparon del esquema que me hice de ella sin a penas conocerla. Desde el momento en el que me admití a mí mismo estar sintiendo por ella mucho más que sexo, sucumbí, acepté perderlo todo por conseguir estar junto a Alba. Ah sí. Que si nunca le dije a Nico que me moría por ella fue porque la manera que Nico tenía de querer en nada se parecía a la mía. Pero nada más lejos de la realidad, no porque crea que mi forma de querer era mejor que la suya, sino porque el tiempo nos enseñó que su forma de amarla y la mía, no eran compatibles. Verme solo en la otra punta del mundo fue liberador, pero el choque cultural aún lo fue más.

Se convirtió muy pronto en mi alfa y mi omega, como si yo fuera un devoto que le reza cada noche. Cuando se sentó conmigo y me dijo que tenía que hacer amigos casi me reí… y digo casi porque en realidad hice todo lo contrario: me cabreé como un gilipollas. Irme de cervezas con mi cuñada podía resultar extraño para los demás, pero nosotros nos lo pasábamos bien.

Por aquel momento la tregua con mi depresión post-Nico” aún era un poco endeble y yo seguía estando demasiado sensible, como si me hubieran extirpado una capa de piel y todo me escociera. Quedamos un par de veces los tres y en una de las salidas, cuando ya estaba esperándoles dentro del local con una cerveza en la mano, ella me llamó para decirme que tenía cosas de chicas” y que no le apetecía salir de casa ni quitarse el pijama. Y pasándome por el arco del triunfo las recomendaciones de todos, un día, después de una cena en la terraza, le regalé un juego de llaves y le pedí que viniera a vivir conmigo.

Al principio Alba se echó a reír, me llamó loco del coño” y se despidió con un beso antes de subir de nuevo a su casa. Me sentía como Maquiavelo, maquinando cómo podía hacer que ella se diera cuenta de que vivir juntos sería la hostia. Despertar todos los días teniéndola al lado, sabiendo que al llegar a casa ella estará también allí… es increíble. Le da sentido a esto del amor, que es una jodienda maligna que lo tiene a uno todo el día en vilo.

Hasta que nos convencemos de que esta mierda del amor es mierda de la buena y que somos adictos para siempre. Y lo que vino a partir de entonces, el cuento de hadas que yo le prometí en su día y del que me burlaba cuando podía porque me hacía sentir débil y demasiado suyo. Me quité de encima el Nico acostumbrado a la buena vida que le gustaba a Hugo; pensé que con ello dejaría de echarlo de menos para siempre. En Camboya todo es muy diferente a España y más cuando no hay tiempo ni relojes. En mi mochila llevaba unas cuantas mudas, un botiquín, dos trajes de baño, una toalla y dos tres cosas más para no ir con pinta de náufrago loco.

Mi padre me había dado, antes de salir de viaje, una navaja suiza que le trajo su hermano cuando trabajó en un pueblo alemán en la frontera entre Alemania y Suiza; le saqué bastante más partido del que me imaginaba en un primer momento. Colgando del cuello mi cámara de fotos y en su funda una tarjeta de memoria, una de crédito, mi documentación, unos cuantos billetes arrugados y poco más.